diumenge, 28 de juny de 2015

Tanto tiempo permanecí flotando en el mar muerto que olvidé remojar la pluma en el tintero. Mis ojos, cegados por el brillo dorado del sol son mis dos fieles testigos, mi retratista condición queda saciada con su atino... Por un momento, la calma se percibe con tanta claridad que sus bálsamos bañan mis huesos con cálido sosiego. Me dejo llevar... girando entre peñones y desfiladeros recortados por una capa de torcidas pinedas. Sereno oleaje, caricias para mi barca... Una libertad estrechamente vinculada con el viento que me rodea, meciéndome en la lejanía de unas playas de piedra y soledad cristalina... Y en algún puerto mi ancla invisible ato cuando mi cuerpo quiere descansar. Empujo con todas mis fuerzas y emerjo de mi casa navegante, cuando una ola quiere volcarme, salto por sus crestas, mis músculos tensos cual cuerda de un arco guían mi rumbo de intensos virajes y vuelvo a dominar la paz de mi tormenta. Paisaje y ser se unen en un vetusto ritual de aguas frías y oscuras. ------------------------------------------------------------ Agarré la cruz que colgaba de mi cuello y la estreché en mi puño hasta que mis nudillos crujieron. Su luz traspasó todas las paredes... y mis ojos se elevaron por la bóveda en la blancura del cielo. Mi dolor quedó mezclado con un reencuentro con la religiosidad y un respeto tan profundo que astillaba mi corazón. También hubo una humillación secreta que a mí me gritaba a voces en bocas y manos, susurros y lamentos. Mi amor no basta para conciliar un alma herida; su precio perdió el mejor postor cuando entre coronas de lirios secaba sus lágrimas y deshacía maldiciones antaño escupidas. Ahora mismo, somos dos personas distintas...