dilluns, 27 de febrer de 2017

Sino fatuo, que has sembrado en mí savia nueva. Crece en mi rosal enredado un injerto espinoso, flor de té sobre vieja rama. Siento circular un caudaloso torrente en mi sangre, más rojiza, y mis venas más tortuosas, caminos enterrados en lo más profundo del abismo de mi ser. Mi mirada, rapaz, halcón que danza libre en el silbido del viento, altas cumbres plateadas y acantilados de vértigo, caída libre de mis sentimientos. Sinuoso es el cuerpo, esbelto y felino, y sus pasos audaces, de valentía romana y antigua. Es el almendro y el cerezo y su efímera belleza, la pasiflora que cierra de noche sus compuertas, vientre retorcido, mente despierta, puro nervio, pura raza. Este amor es tan doloroso como definitivo, su intensidad medra mis fuerzas y las alimenta, despecho del querer, hondo penar de una historia pura como el diamante más pulido, peligro resuena en las fauces de la carretera. Es verdadero y frágil. Es demasiado auténtico. Me entristece el llanto. La dificultad. Los baches en el camino. Es jodidamente hermoso... y mi corazón desconfía. Y mi alma muere por volar a su lado. Cree que no siente lo mismo, que es imposible. Que cederá la mala suerte y despuntará el mal augurio. Quedaré triste y vacía, descompuesta en mil pedazos cual muñeca de trapo para la eternidad, y el fin errante de mis días en soledad. Pero mi fe sale cada día como el sol... AMO CON EL ÚLTIMO ALIENTO, CON LOS RESTOS DE MI ENERGÍA, se tensa la cuerda floja surcando el destino...y la vida me parece a lo sumo tan hermosa...y la tormenta nunca cesó. Es mi sueño...Cándido dolor, placer despiadado, tierno y cruel. Maquiavelicamente seguimos, la vuelta atrás no entra en mi vocabulario, cuando amo, soy sombra que irradia, miel y amargura. La tierra recavó los surcos de esta enmienda y nos encontramos los dos... nunca podré olvidar que casi rozé la perfección con dedos llenos de heridas. Y de mi interior salen tus huellas para dibujar en mi espalda trazos de luz y color malva. Encierrame en tu despertar, seré tu balsa, Caronte nunca cobrará su deuda si a mi lado tu te meces...sagrado amor, y definitivo, llora mi ilusión a escondidas temiendo que castillos de arena desfallezcan, aún con la insondable certeza del motor rugiendo. Yo no me echo atrás.