dissabte, 27 de maig de 2017

Se me antojó estadio de una vigilia extraña Más no fue así Con mis ojos abiertos la vi En el asfalto caliente sangraba, Aquella víbora jaspeada escupía sangre. Sus fauces abiertas, su lengua sonando Cual silbido de un viento funesto Retorciendose salió a mi paso Cortando mi camino en dos pedazos. Del matojo que fue su hogar emergió Herida y furiosa. Yo dejé un sabor a rueda y hierro Y ella su sangre goteando en la carretera. Vi el sol quemando mis retinas En el costoso ascenso de sinuosas curvas Y en el descenso rapaz una paloma muerta se mostró ante mí Un pequeño cuerpo yaciente Acariciado por brisa y luz de bosque... Símbolos que desvelaron La pureza marchita de mis venas Y un dolor que no cesa El devaneo de la vida El trato con el prójimo Se me antoja tormento En mis firmes convicciones Una lágrima voló Y nunca se secó.

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